Mp4 con unos auriculares en blanco y negro

Historia de un paciente asustado

Siempre he contado esta historia, pero la versión reducida, nunca me dio por contar la versión extendida y la verdad que me apetece escribirla, la recuerdo más o menos bien, aunque tengo algunas lagunas. Fue un 4 de noviembre del 2015, iba a ir a una revisión porque estaba en brote, al llegar al hospital me desmaye en la puerta, tras un TAC vieron que tenía el colon perforado y tuvieron que operarme de forma urgente para ponerme la ileostomía temporal, era la bolsa o la vida y no había tiempo de elegir… unas horas mas y no lo cuento. Después de la operación, recuerdo que me iba despertando poco a poco, escuchaba los sonidos de las maquinas que me mantenían con vida, sentía el cuerpo dolorido y cansado, como si me hubiese pasado una apisonadora por encima. Estaba totalmente desorientado, aun no era consciente de lo que me había pasado, solo sé que me asusté al verme rodeado de cables y tubos. La enfermera vino a quitarme el tubo de la garganta, aunque quitarlo era cuestión de segundos a mí se me hizo una eternidad, esa sensación de ahogo y de que salga un tubo por mi boca…. tenía la garganta como una lija del cinco, encima no podía tomar líquidos, que sufrimiento.

Minutos después de haberme orientado un poco llegó el doctor y me explicó que todo había salido bien y que pasaría varios días en la UVI para ver si evolucionaba bien y subirme a planta, empezó a revisarme y según me iba revisando me iba asustando más por lo que me había pasado: tenia 2 drenajes (uno a cada lado de la tripa), la vía central en la muñeca, la vía de la nutrición parenteral (yo lo llamaba el jamón) en el cuello, la sonda en la nariz, otra sonda en mi parte íntima y la pinza para las constantes, como dicen las abuelas “estaba hecho un cristo”. Se fue el doctor y ya podía estar con mis padres y mi hermano, me vieron muy asustado e intentaban tranquilizarme, mi única obsesión era salir de allí, el pensar que tenía que quedarme en el hospital muchos días me agobiaba un montón, me ponía malísimo. Los días se me hacían larguísimos debido a que los horarios de visitas estaban restringidos a 30 minutos por la mañana y 30 minutos por la tarde, los fines de semana y festivos estiraban un poco ese horario, algo es algo.

Hospital_Ramón_y_Cajal

Así que en esos momentos de soledad como solo podía estar tumbado me dedicaba a pensar, echar cabezaditas. mirar como amanecía y anochecía porque tenía una ventana al fondo de la UVI donde había más pacientes, de vez en cuando mi enfermera se ponía a hablar conmigo un poco, pero la verdad que yo no tenía muchas ganas, pero lo agradecía. En ese aspecto no me puedo quejar, todas me trataron muy bien en la UVI, sé que es su trabajo, pero tuvieron mucho tacto en un momento tan difícil. Sabía que portaba la bolsa porque antes de la operación me lo explicaron, pero tuve tal estado de nervios que yo creo que mi cerebro no lo quiso asimilar, no quería que fuese real. Cada vez que me vaciaban la bolsa yo miraba a otro lado porque no quería verla, como una especie de rechazo o no querer asimilarlo, como si fuese una pesadilla y que me iba a volver a despertar tan normal. Entonces en uno de esos vaciados de la bolsa la enfermera me aconsejó que tenía que empezar a mirar para ir aceptando la situación, ella sabía que era muy duro, pero tenía que hacerlo, la hice caso y la verdad que se me cayó el mundo encima, me impresionó bastante, solo tenía ganas de llorar, pero me aguante hasta que se fuese la enfermera.

A partir de ahí, todo era un mar de dudas, muchas preguntas sin respuesta, incógnitas… sabía que todo esto iba a cambiar toda mi vida, pero todo lo pensaba para mal, me ponía a pensar si con la bolsa podría volver a pasear a mi perro, a salir a la calle tan ricamente, comerme el cochinillo de Navidad o la duda más importante …. como cuento yo esto a mi gente cercana o a alguien que voy a conocer, sobre todo a una chica que me gustase, todo eso me limitaba, ya de por sí que mi timidez me limitaba, añadir la bolsa a mi currículo social no ayudaría mucho debido a esta cruel sociedad. Era un David muy asustado, lleno de muchos miedos que no veía la luz al fondo del túnel.

Poco a poco iba evolucionando favorablemente, al cuarto día de estar en la UVI, al ver que ya toleraba líquidos decidieron subirme a planta, para mí fue un alivio porque al menos ya tenía compañía sin el límite de horarios y se me hacía algo más ameno, a las enfermeras y a mi madre las tenía acribilladas de preguntas y dudas, cada cosa que me pasaba o notaba lo preguntaba porque no sabía si era normal o no, como ya dije, era un David inseguro, nervioso, con ganas de acabar ya esta pesadilla. Aparte me sentía “culpable” porque al no poderme mover de la cama siempre tenía que estar alguien conmigo todo el día para acercarme el agua, el bote del pis … cosas así.  Esa misma noche, tras darme una pastilla para dormir, cuando ya me iba quedando dormido me visito mi cirujano y empezó a revisarme todo, que cabrito no tuvo otra hora para revisarme, era la 1.00h de la noche!, evidentemente no volví a dormirme. A la mañana siguiente, empezaron a visitarme un montón de especialistas, llegaba un momento que ya no me aclaraba a que especialidad pertenecían, lo peor de todo es que cada uno decía una cosa diferente y eso me liaba aún más, me sentía contrariado, eso me generaba más desconfianza ya que mi único propósito era salir del hospital cuanto antes.

Comenzaron a sentarme en el sofá un ratito por la mañana y otro ratito por la tarde, al ver que ya podía estar sentado llamaron al fisio para ver mi estado y mandarme algún ejercicio para poder comenzar a andar o mejor dicho aprender a andar de nuevo, estaba tan delgado que apenas tenía fuerzas para sostenerme, empezó a hacerme pruebas de fuerza y se quedó sorprendido de la fuerza que aún me quedaba y empecé a hacer unos ejercicios suaves para recuperar el movimiento y unos paseos cortos por la habitación, yo no me encontraba con confianza porque veía que no podía con mi cuerpo pero había que intentarlo. Conforme iban pasando las horas iba teniendo ganas de ir cogiendo el móvil e ir contestando a los whatsapps y también iba recibiendo visitas, a las que siempre agradeceré el esfuerzo de haber ido a visitarme justo después de salir de sus trabajos o sacar un hueco para ir a verme, eché de menos más visitas, pero bueno estaba más centrado en recuperarme.

Gracias a eso iba animándome poco a poco, a los pocos días vino un peluquero para afeitarme la barba y me comento que si quería cortarme el pelo, pero tenía que ser muy corto, al 2 o 3, así que acepte porque tenía unas greñas increíbles, a partir de ahí me empecé a verme bien y empezaría mi remontada, me veía diferente, con más fuerzas y los ánimos de las enfermeras daban muchas energías para seguir adelante. No me puedo quejar tampoco de ninguna de la planta de allí, todas se portaron muy bien conmigo, se alegraban de cada paso adelante que daba, me daban muchos consejos para llevar esto adelante y me explicaban todo muy bien. Cada día que pasaba podía andar mejor y perdiendo el miedo a andar, me mandaban nuevos ejercicios para ir reactivando y recuperando el equilibrio, agarrado al palo de la maquina (que ahora no recuerdo como se llama), siempre bajo supervisión del fisio o de la persona que estuviese de visitante, si no tenía visita no podía dar mis paseos por los pasillos del hospital, como mucho por la habitación, por eso mis padres y mi hermano se las apañaban para que no me quedase solo y pudiese hacer los ejercicios de recuperación.

Miedo

Tuve momentos duros, sobre todo la asimilación de la ileostomía, los enfermeros se empeñaban en enseñarme a cambiarme la placa y a vaciar la bolsa, al principio era reacio porque me daba miedo a hacerme daño y el estoma me daba mucha cosa pero con el paso de los días y su apoyo iba aprendiendo un poco más. Otro momentos duros o que se me hacían muy pesados era desde que terminaba de cenar (sobre las 20.30 o así) me acostaban porque si no se iban los celadores y no podían acostarme, eso de estar acostado como las gallinas y ver gente paseando por los pasillos me desesperaba, me ponía a escribir whatsapps con mi madre o gente que me estuviese escribiendo o me ponía a escuchar música en mi querido y salvador MP4, me lo ponía para poder quedarme dormido y estar entretenido, ya sea escuchando tertulias deportivas, partidos del Real Madrid o escuchar canciones de Estopa básicamente, me relajaba y me animaba, era mi Estopaterapia. También me servía para no escuchar los quejidos de mi compañero, creía que a veces se quejaba por gusto al ser una persona mayor, pero creo que se encontraba mal de verdad, espero que haya salido adelante. Al principio la convivencia no fue muy agradable porque se juntaban cientos y la madre, pero al final se consiguió convivir hasta que me dieron el alta, que importante es el respeto y convivencia en estos sitios.

Empecé a engordar algunos gramos, a andar como es debido más o menos y a comer todo lo comible, no dejaba nada en la bandeja, solo deseaba que llegasen los turnos de las comidas. Conforme iban estabilizándose los análisis iban quitándome trastos como digo yo, las vías y mi querida y adorada parenteral (el jamón) que vaya noches me daba, algunas veces porque se creaban burbujas de aire y la maquina pitaba cada 2×3 y siempre por la noche o cuando empezaba a cenar. Lo mejor de todo fue cuando ya era independiente, ya podía andar solo sin tener a nadie vigilándome, me sentía libre, sin ataduras, sin acostarme a las 20.30 y estar en el sofá sentado o darme una vuelta antes de dormir y los dos últimos días ya estaba por estar, porque ni me tomaban la temperatura ni la tensión, pasaban de mi jeje. Así hasta que llegó en ansiado día del alta que volví a mi casa, ver a mi perro y estar con mi familia.

He tenido que resumir bastante porque se hacía muy largo pero lo importante es que por muy negra vea las cosas, salgo adelante, cuando me quiten la ileostomia algún día, seguro que lo llevaré con una actitud mas positiva.

¡Nos vemos en el próximo post!

 

 

 

 

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4 comentarios en “Historia de un paciente asustado

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