La suerte de tener un perro a mi lado

He de confesar que, de pequeño tenia pánico a los perros, porque un perro llamado Valdi, que era de mi abuelo, me mordió un poco la mano queriendo jugar el pobre animal. Pasados los meses de aquel momento al ver que Valdi era noble y que solo quería jugar nos fuimos haciendo amigos, tanto que mi único deseo era pasearlo por el parque cuando iba a casa de mis abuelos, que se viniese a todos lados con nosotros. En Torrevieja, mi abuelo me levantaba todos los días a las 7 de la mañana para pasear juntos a Valdi, era un trozo de pan, no ladraba a nadie el pobre, también decir que en aquellos años no había tantos perros como ahora que todo el mundo tenemos uno o dos.

En aquellos años mi único deseo era tener un perro propio al ver a Valdi tan cariñoso y tan noble, no se separaba de mi ningún momento.

Luego apareció Trasgu, era el perro de mis vecinas Elena y Bea, otro gran perro, cariñoso y noble, siempre se me acercaba para hacerle mimos y darle colines jeje.  Aunque tenía su genio de vez en cuando, madre mía que ladridos metía a los perros que no le caía bien.

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En aquellos tiempos teníamos una colonia de gatos abandonados y vimos a un cachorro en una esquina muerto de miedo y de hambre, decidimos acogerle en nuestro hogar, ese gato decidimos llamarle Chusky. Los gatos son más independientes que los perros, pero Chusky ha sido bastante cariñoso el pobre, muchas veces iba a lo suyo, pero cada vez que estaba enfermo o triste estaba ahí con sus ronroneos y dándote con la cabeza. La verdad que Chusky no se achantaba, porque a Trasgu lo tenía a raya, no le dejaba entrar en mi casa porque se le comía la comida jeje.

Cuando Chusky tenía 10 años, al ver mis padres que cada vez yo tenía más ganas de tener un perro, me dejaron tener uno y al día siguiente fui volando a comprar uno. Y es ahí cuando aparece Duke, todavía me acuerdo de aquel momento.

Fui al Alcalanorte a una tienda de cachorros, yo buscaba lo más barato posible y al entrar en la tienda vi 2 cachorros blancos que eran asequibles y bonitos. Resulta que ya estaban reservados y que tenían un macho en otra tienda situada en la zona de metro Bilbao. Pues allí que fui a por él, llegué y entre a la tienda, entonces aquí el amigo Duke empezó a subirse por el cristal como diciendo llévame a mí, así que le elegí. Madre mía hasta que conseguí aprenderme el nombre de la raza, que es Westy, así de sencillo, pero costaba decirlo jaja. A medida que iban pasando los meses Duke iba creciendo y se iba poniendo más guapo, cada paseo era pararse a que le acariciaran y oír piropos hacia él, al dueño no jajaja.

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Como nunca tuve perro propio pues al principio Duke hacia lo que quería conmigo al verme novatillo en esto, pero al paso de los días fui aprendiendo de los errores que cometía, aprendiendo trucos y consejos acabé por cogerle el truquillo.  Es un perro muy noble, cariñoso y a la vez muy protector, cada vez que ve uno que no le gusta saca el diablo que lleva dentro para protegernos, cada vez que hay reunión vecinal en el descansillo, él está ahí el primero tumbado escuchando, no le gusta la soledad y siempre quiere saludar a todo el mundo, es un puro nervio, siempre activo.

Por cierto, quien no lo sepa, los perros se tiran pedos, no estoy de coña, madre mía los pedos que se tira aquí el amigo Duke, encima son silenciosos, no sé cómo una cosa tan pequeña libera tal olor a mierda, más de una vez me ha tocado salir de la habitación corriendo por que el olor es inaguantable, el jodio sonríe y todo cada vez que se tira uno.

Cuando empecé con la enfermedad de Crohn, Duke lo notaba y nunca se separaba de mí, si yo sufría, él también, incluso unos días antes de que tuviesen que operar de la ileostomía, él se encontraba muy nervioso, ladrando e intentando llamar la atención, como diciendo, ¡¡hey que mi dueño está muy mal!! y no se equivocaba. Ya cuando volví del hospital me recibió a lametones, se quedó más tranquilo y como no podía levantarme mucho se quedaba tumbado a mi lado vigilándome y exigiendo su ración de mimos y masajes.

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Ahora que ya puedo andar bien y ver que puedo manejarme con él, nos damos nuestros grandes paseos, una horita por la mañana, media horita o así al mediodía y otra horita por la tarde, cada paseo es un camino diferente, descubriendo nuevas zonas y llegando cada vez algo más lejos para tener los músculos más recuperados, la mente más despejada y liberada de preocupaciones.

También mencionar a grandes perros como Lia, Kira, Lua y Nailah que son de mis primos y tíos.

En mi opinión, quien pueda, se anime a tener un perro, te cambia la vida a mejor, sobre todo si tienes niños o andas enfermo, te obliga a salir, a despejarse, siempre te reciben con alegría.

Sobre todo, si puedes adoptar uno, mejor todavía, siempre te lo agradecerá. Lo sé porque conozco varios adoptados, son muy nobles y agradecidos.

¡Nos vemos en el siguiente post!

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Un comentario en “La suerte de tener un perro a mi lado

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